El día que me fui

La casa está vacía. Observo el bolso sobre la cama y me pregunto qué más debería llevar. Es aun temprano, y la luz que entra a través de la persiana y las cortinas colorea la habitación. Me siento en la cama al lado del bolso y observo mis zapatillas. Que pies grandes, como he crecido. Miro los muebles de la habitación, la mezcla de libros míos y de mis hermanas entre otros pequeños desordenes. Todo está estático, como en una foto.

Hace algunos meses había decidido mudarme a esta pieza porque la mía era más pequeña. Y ahora, en la inmensidad de la casa vacía, siento olas de recuerdos de toda mi vida. Empiezo a recorrer las habitaciones, observo las manchas en la pared, los azulejos del baño, los cuadros, las persianas de madera con el barniz descascarado, tantas cosas llenas de detalles. Detalles que ya estaban en mi mente, pero que en lo cotidiano de los días habían escapado para hacerse presente todos en este momento, cada uno con su historia. Como contando pequeños fragmentos de mi historia, de la historia de mi familia, hablando de la vida.

Guardo una remera más en el bolso, otra que recibí como regalo en alguna navidad o cumpleaños y finalmente lo cierro, pensando que quizás me llevo demasiado y que quizás no me puedo llevar todo lo que me acompaña. Dejo el bolso al lado de la puerta que da a la escalera, me doy vuelta una vez más y me deleito con la calidez del que supo ser mi hogar toda la vida, que me despide en silencio sin derramar lágrimas.

Mamá está de vacaciones con una de mis hermanas, mis otras hermanas están trabajando.

Bajo la escalera y me detengo en el descanso a observar el taller donde pasaba todo el tiempo mi padre. La escalera está llena de polvo y pelos de los perros, que no me prestan atención mientras me voy despidiendo.

La mochila en mi espalda pesa casi tanto como el bolso en mi mano. Debería haber dejado algunas cosas más, después de todo, la vida se encargaría de darme lo necesario.

Salgo al patio delantero, entro los perros al taller en su feliz trotar y cierro la puerta. Los nogales me saludan moviendo sombras a mi paso, escucho el ruido metálico del portón y cruzo la calle.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Estas mejor ahora? Acostumbrado o extrañas?
Jorge Nicolás Mikitiuk ha dicho que…
Estoy muy bien, disfruto mucho mi nuevo estilo de vida. Todo el tiempo hay que luchar por disfrutar el presente, y evitar quedarse en el pasado. Mi pasado está lleno de momentos hermosos que nunca voy a olvidar, pero hoy prefiero acrecentar mi colección de buenos momentos en vez de quedarme atrapado en la contemplación.
Anónimo ha dicho que…
Vivir es todo un trabajo, no? Nadie dijo que sea fácil...
Hay veces que se tiene que luchar contra la corriente, y otras veces se está a favor de ella. La vida es un constante aprendizaje en donde no hay aplazos, sino revanchas. La clave está en siempre seguir adelante. Recordá tu pasado, para no cometer los mismos errores. Y sí, no te detengas en él, no debes anclarte. Aprovechá las oportunidades que la vida te da para mejorar! Y así poder vivir nuevas y distintas experiencias (no iguales).

Un abrazo fuerte.
Nunca dejes de soñar.

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