Un poco más de pared, un poco menos de verde.
Tendría cuatro años, y calculo que en ese entonces alcanzaba a poner la cabeza sobre el borde de la mesa. Recuerdo que era mediodía, quizás un soleado fin de semana, y sobre la mesa aún estaban los platos y cubiertos del almuerzo.
Desde mi ángulo, las migas de pan, las gotas de agua y las semillas de limón resultaba lo más interesante de la sobremesa. Luego de observar las semillas un rato se las pedí, no sé si a mamá o a papá. Y después de jugar con ellas en mis manos, les pregunté dónde podía plantarlas. Me dijeron que en el patio, junto al tejido, estaría bien.
Desde mi ángulo, las migas de pan, las gotas de agua y las semillas de limón resultaba lo más interesante de la sobremesa. Luego de observar las semillas un rato se las pedí, no sé si a mamá o a papá. Y después de jugar con ellas en mis manos, les pregunté dónde podía plantarlas. Me dijeron que en el patio, junto al tejido, estaría bien.
Hice unos pequeños pozos con las manos, dudo que hayan tenido más detrás centímetros de profundidad. Y planté cinco semillas. Luego de unos días, quizás semanas, me llamaron para ver lo que estaba creciendo en el patio. Eran cuatro pequeñas ramitas con un par de hojas cada una. Y desde ese momento surgió la actividad de cuidarlas y regarlas.
Cuando tuvieron unos quince centímetros, mis padres las transplantaron a unas latas de aceite de cinco litros improvisadas como macetas.
Cuando tuvieron unos quince centímetros, mis padres las transplantaron a unas latas de aceite de cinco litros improvisadas como macetas.
Pasaron los meses y las latas cada vez parecían más chicas. De mis cuatro plantas, tres habían crecido a pequeños arbolitos que fueron transplantados a tanques de fibrocemento de doscientos litros convertidos en macetas. La más pequeña la donamos, años después, para el jardín de la escuela primaria a donde iba.
Pasaron desde que las planté unos veinticinco años. El otro día descubrimos que una de ellas se está secando poco a poco. Las penurias del clima y el tiempo pudieron más que ella. Sus frutos no faltaron durante las cuatro temporadas de cada año. Y ahora, supongo que uno de estos días, tendré que sacar lo que quede de ella para poder poner en su lugar otro árbol. Sin ceremonias, sin culpas, sin considerarlo una molestia, aserraré las ramas y el tronco seco.
Pasaron desde que las planté unos veinticinco años. El otro día descubrimos que una de ellas se está secando poco a poco. Las penurias del clima y el tiempo pudieron más que ella. Sus frutos no faltaron durante las cuatro temporadas de cada año. Y ahora, supongo que uno de estos días, tendré que sacar lo que quede de ella para poder poner en su lugar otro árbol. Sin ceremonias, sin culpas, sin considerarlo una molestia, aserraré las ramas y el tronco seco.
Seguramente el patio se verá un tanto despoblado mientras tomemos mate a la noche. Tendremos que acostumbrar nuestras mentes a los nuevos espacios. Un poco más de pared, y un poco menos de verde.
Sin embargo la lucha continua, al 25 de Mayo 2009:
Comentarios
Vos lograste ganarle un poco de vida a la vida....lograste que no haya tanta pared......
Saludos!