La vida siempre me regala una sonrisa.

Subí al subte y ocupé el último lugar vacío junto a la puerta. Viajar en la hora pico es un trastorno, pero la vida siempre te regala una sonrisa si uno tiene el coraje de buscarla.

Pocos centímetros delante de mí estaba ella, tenía el pelo rubio enrulado, ojos azules y unos rasgos muy delicados.

Lo bueno de las mujeres es que pueden hacerte olvidar todo, del sueño, del calor, del subte y seguramente de otras cosas que no recuerdo.

Las oportunidades se dan siempre de la forma menos esperada, y esta vez se dio cuando la correa de su cartera resbaló de su hombro para quedarse en medio de su brazo.

Inmovilizada por la cantidad de gente me regalo una hermosa mirada mientras me estiraba, colocaba nuevamente la cartera en su lugar y me reía de la picardía.

Sabía que la vida no nos regalaría más que un par de estaciones, acepté la magia del momento y la deje escapar guardando su sonrisa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La vida siempre nos da sorpresas...
y a veces, suele hacernos reencontrar con aquellas cosas que creemos nunca volver a ver... como a aquella doncella a la cual tan caballerosamente un muchacho le prestó su campera un día de lluvia y frío........
Jorge Nicolás Mikitiuk ha dicho que…
Jaja, ya escribiré sobre esa ocasión...
Anónimo ha dicho que…
Sin lugar a duda, este fue el mejor texto que por ahora escribiste.....


Ya vendrán esos días en invierno en que el subte nos acobijará de en su seno dándonos la última llama de calor humano
Anónimo ha dicho que…
Esa es la rubia con manija con la que te paseabas por la costanera de Quilmes de la mano? Parecia el ancho Peuccelle con peluca. Sos un grande, no te importa nada.
Saludos
Jorge Nicolás Mikitiuk ha dicho que…
Seguramente el día que el subte llegue a la costanera de Quilmes todo será posible.

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